Hoy un niño pequeño, en el colegio, me ha hecho esta pregunta. Estaba con ellos hablando sobre el mundo, sobre las personas, sobre lo que hacen o dejan de hacer. Les digo siempre que cada uno tiene que “ocupar” en el mundo un lugar. El tiempo se nos regala; siempre escaso a nuestro parecer, pero el espacio no. Se nos regala un lugar donde nacer, pero no donde morir, y mucho menos el lugar donde vamos a vivir.

Cuando les hablo de ese lugar que ocupamos en el mundo, también les digo que es mucho más que el cuerpo que tenemos. Nuestro cuerpo ocupa un “sitio”, pero nosotros como personas ocupamos mucho más espacio. Ocupamos la vida de los demás, les sorprendemos. Ocupamos un puesto de trabajo, y con él llegamos a muchas otras personas. Ocupamos un lugar en la calle, en el autobús, en la estación… En cualquier sitio, donde vamos, ocupamos. Ocupar es “hacerse dueños, de alguna manera, de algo concreto. Por eso podemos decir que ocupamos espacio también en la gente, en la sociedad, en la cultura, en el arte, en la educación…

¡Qué maravilla! Ocupar un espacio. Esa es la vocación.

Y el niño me ha preguntado. ¿Cuál es el mejor lugar que puedo ocupar? ¿Descubriré algún día ese lugar?

Yo he le dicho que sí. Pero que tiene que estar muy atento. La vocación es el lugar donde se llega, no sólo a más personas, sino a muchos corazones. ¡Esa es una vocación! Y para descubrirla de verdad tiene que ser sincero y confiar. Es un misterio, pero es así. Y aun de esta manera, no termina todo, puesto que una vez descubierta necesita de la valentía y la fidelidad para continuar adelante. ¡Ánimo!

Personalmente tengo el gozo de ser testigo de corazones, que no son míos, y de hacerlos míos de alguna manera. En la escuela, hoy mismo hablando con unos cuantos alumnos castigados por la tarde, siento que puedo tocar parte de lo que ellos mismos son, y desde allí llevarles a lo más alto. Y eso que estaban castigados. Pero el diálogo, la fuerza de la Palabra, puede todo cuanto yo, por mí mismo, no alcanzo siquiera a pensar que se puede hacer realidad en algún momento.

Dios me da dado una vocación preciosa. Prueba de ello son las palabras de este niño, a quien deseo sinceramente que algún día pueda disfrutar siendo consciente de lo que hoy escribo en este blog como experencia personal.

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